Para México, Indomable

26 Sep
Chaibar

Chaibar

Mi querido pedacito de la Ciudad de México, la Condesa, está de duelo. Mis amigos me dicen que no reconocería mi colonia. Que mi hogar fuera del hogar, el Chaibar, ya no reabrirá. El País ha publicado un video detallando los cambios en la calle donde vivía, Avenida Amsterdam. Hay cuadras donde sigue mas o menos la vida normal, y hay cuadras donde se ven camionetas de mudanza, porque los vecinos se ven obligados a mudarse, por la inseguridad de los edificios. Hay grietas y huecos en las fachadas de muchos edificios, y en la esquina de Amsterdam con Laredo, hay los escombros de un edificio que se tumbó, y los restos de la gente que vivía allí. Esta imagen horrorosa se repite en la Condesa, en la Colonia Del Valle, en Xochimilco, y en los estados de Puebla y Morelos, que fueron muy impactados por el sismo del 19 de septiembre. Sí, la misma fecha del sismo del 1985. Dios tiene un sentido de humor bastante morboso.

Aunque sí hay mucha tristeza al ver mi ciudad en una situación desesperada, me alienta tanto el amor al prójimo que están en las calles de México. Ha habido tantos voluntarios que han tenido que decir a la gente que se vayan a casa, que ya hay demasiados presente. Los que pueden ayudar con el rescate de cuerpos, sean vivos o no, han ayudado, durante horas y horas sin descansar. Los niños han donado juguetes y dulces a los damnificados. He visto una foto de un joven que se vestía de payaso para entretener a los niños en un albergue. Yo tengo amigos que han organizado colecciones de comida, medicamentos, y víveres. Los mexicanos se están dando la mano a sus conciudadanos, con humor, a pesar de mucho cansancio, y con mucho amor. La grandeza del pueblo mexicano está a la vista para que todo el mundo lo vea.

También he leído sobre psicólogas que prestan sus servicios a gente que lo necesita, y todos lo necesitarán. La adrenalina se irá disipando, y después quedará el trauma. Toda la ciudad ha vivido un trauma, y eso también seguirá en los meses venideros. Lo importante, lo esencial, es que los chilangos guarden los lazos que han creado durante esta última semana.

Dejo esta reflexión sobre mi ciudad y su gente con mi publicación sobre mis lugares favoritos en la Ciudad de México, y con las palabras del escritor Juan Villoro. Adelante, México.

“El puño en alto”

Eres del lugar donde recoges
la basura.
Donde dos rayos caen
en el mismo sitio.
Porque viste el primero,
esperas el segundo.
Y aquí sigues.
Donde la tierra se abre
y la gente se junta.

Otra vez llegaste tarde:
estás vivo por impuntual,
por no asistir a la cita que
a las 13:14 te había
dado la muerte,
treinta y dos años después
de la otra cita, a la que
tampoco llegaste
a tiempo.
Eres la víctima omitida.
El edificio se cimbró y no
viste pasar la vida ante
tus ojos, como sucede
en las películas.
Te dolió una parte del cuerpo
que no sabías que existía:
La piel de la memoria,
que no traía escenas
de tu vida, sino del
animal que oye crujir
a la materia.
También el agua recordó
lo que fue cuando
era dueña de este sitio.
Tembló en los ríos.
Tembló en las casas
que inventamos en los ríos.
Recogiste los libros de otro
tiempo, el que fuiste
hace mucho ante
esas páginas.

Llovió sobre mojado
después de las fiestas
de la patria,
Más cercanas al jolgorio
que a la grandeza.
¿Queda cupo para los héroes
en septiembre?
Tienes miedo.
Tienes el valor de tener miedo.
No sabes qué hacer,
pero haces algo.
No fundaste la ciudad
ni la defendiste de invasores.

Eres, si acaso, un pordiosero
de la historia.
El que recoge desperdicios
después de la tragedia.
El que acomoda ladrillos,
junta piedras,
encuentra un peine,
dos zapatos que no hacen juego,
una cartera con fotografías.
El que ordena partes sueltas,
trozos de trozos,
restos, sólo restos.
Lo que cabe en las manos.

El que no tiene guantes.
El que reparte agua.
El que regala sus medicinas
porque ya se curó de espanto.
El que vio la luna y soñó
cosas raras, pero no
supo interpretarlas.
El que oyó maullar a su gato
media hora antes y sólo
lo entendió con la primera
sacudida, cuando el agua
salía del excusado.
El que rezó en una lengua
extraña porque olvidó
cómo se reza.
El que recordó quién estaba
en qué lugar.
El que fue por sus hijos
a la escuela.
El que pensó en los que
tenían hijos en la escuela.
El que se quedó sin pila.
El que salió a la calle a ofrecer
su celular.
El que entró a robar a un
comercio abandonado
y se arrepintió en
un centro de acopio.
El que supo que salía sobrando.
El que estuvo despierto para
que los demás durmieran.

El que es de aquí.
El que acaba de llegar
y ya es de aquí.
El que dice “ciudad” por decir
tú y yo y Pedro y Marta
y Francisco y Guadalupe.
El que lleva dos días sin luz
ni agua.
El que todavía respira.
El que levantó un puño
para pedir silencio.
Los que le hicieron caso.
Los que levantaron el puño.
Los que levantaron el puño
para escuchar
si alguien vivía.
Los que levantaron el puño para
escuchar si alguien
vivía y oyeron
un murmullo.
Los que no dejan de escuchar.

 

Advertisements

Leave a Reply

Fill in your details below or click an icon to log in:

WordPress.com Logo

You are commenting using your WordPress.com account. Log Out / Change )

Twitter picture

You are commenting using your Twitter account. Log Out / Change )

Facebook photo

You are commenting using your Facebook account. Log Out / Change )

Google+ photo

You are commenting using your Google+ account. Log Out / Change )

Connecting to %s

%d bloggers like this: